Ciudad de México.- El encierro y problemas económicos ocasionados por la pandemia de COVID-19 han generado inseguridad alimentaria y acceso reducido a los servicios de salud; la tasa de mortalidad materna aumentó más del 60% en un año.
“La buena nutrición es fundamental desde la concepción hasta los dos años y se necesitan acciones urgentes para prevenir los impactos a corto y largo plazo de la mala nutrición”, mencionó Enrique Ríos Espinosa, director de la organización Vitamin Angels.
De 2012 a 2018 la anemia entre las mujeres embarazadas a nivel nacional pasó del 18 al 35 por ciento, esto conlleva un aumento en la mortalidad materna y perinatal.
La NOM-007-SSA2-2016 y la NOM-043-SSA2-2012 son las que establecen los criterios técnicos para garantizar una atención de calidad antes y durante el parto.
Desde 1990, en México la suplementación durante el embarazo se da casi exclusivamente con ácido fólico, no obstante, la suplementación de hierro y ácido fólico ha disminuido de 60 a 42 por ciento entre 2009 y 2021.
La Preparación Prenatal Internacional de Micronutrimentos Múltiples de las Naciones Unidas (UNIMMAP por sus siglas en inglés) estableció en 1999 una cantidad diaria recomendada (incluido el hierro y el ácido fólico) de 15 micronutrimentos para abordar un amplio espectro de deficiencias de estos.
Ante la necesidad de actualizar la norma, existe la oportunidad de unificar los criterios de estos dos elementos normativos actualizando la NOM-007-SSA2-2016 para incluir multivitamínicos prenatales (UNIMMAP), de igual manera en las Guías de Práctica Clínica, y en el Compendio Nacional de Insumos para la Salud (antes llamado Cuadro Básico de Medicamentos).
Ríos Espinosa explicó que si el 30% de las mujeres embarazadas contaran con este tipo de suplementación, se salvarían dos mil 827 vidas y un ahorro aproximado de mil millones de dólares durante diez años, es decir, un cambio de política de suplementación a micronutrientes múltiples tendría un relación costo-beneficio de 108:1.
En México, el 60% de la población presenta algún grado de inseguridad alimentaria, misma que en su grado severo está aumentando de 23%, en 2018, a 36% en 2021 (según datos de la ENCOVID-Unicef), mientras que la consejería/educación nutricional a mujeres embarazadas y cuidadores de menores de cinco años ha disminuido de 32 a seis por ciento, entre 2019 y 2020, planteando un panorama preocupante que requiere de una acción urgente.

