Andan con el humor de los Mil Diablos como esencia natural y el corazón les duele de tanto gruñir a sus semejantes. No hay que confundirlos con los picudos: aquellos que primero andan con su “ya vas, ya vas, papas y sopas”, pero a la hora de la hora, nomás nada.
Leer...Categoría: Emiliano Pérez Cruz
Asfalto reblandecido, noche tropical
Desde que Dios (en el que cada quien crea) amanece, hasta que el mismo Dios anochece, cierto calorcillo primaveral se deja sentir en la ciudad. Por las noches, en el vecindario se advierten escenas poco comunes: alguien que en la soledad de su habitación sufre sofocos, abochornamientos, unos como letargos y nuevamente la falta de consuelo, porque las cobijas ya andan en el suelo y pese al cuerpo desnudo tendido sobre el colchón, para nada que arriba el frescor.
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