Asfalto reblandecido, noche tropical

Desde que Dios (en el que cada quien crea) amanece, hasta que el mismo Dios anochece, cierto calorcillo primaveral se deja sentir en la ciudad. Por las noches, en el vecindario se advierten escenas poco comunes: alguien que en la soledad de su habitación sufre sofocos, abochornamientos, unos como letargos y nuevamente la falta de consuelo, porque las cobijas ya andan en el suelo y pese al cuerpo desnudo tendido sobre el colchón, para nada que arriba el frescor.

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