Toluca, Méx.- En la etapa Colonial de nuestra historia, la vida en los conventos incluía aprender a cocinar, por lo que Sor Juana Inés de la Cruz aprendió a combinar ingredientes originales de la región de Los Volcanes, lo que le permitió desarrollar una cocina diferente a la de la zona.
Hace varios años se descubrió un recetario del Convento de San Jerónimo, cuya redacción se atribuye a Sor Juana, que tomó la cocina como un espacio de experimentación.
Dicha obra revela algunos aspectos del arte culinario novohispano y reitera el carácter polifacético de Sor Juana.
En el “Libro de Cocina del Convento de San Jerónimo, selección y transcripción atribuidas a Sor Juana Inés de la Cruz”, hay 36 recetas, entre ellas, manchamanteles, huevos hilados, torta de arroz, sopa de leche, cajeta, bienmesabes, gigotes, buñuelos, postres y dulces.
Las recetas fueron elaboradas con ingredientes que durante el Virreinato se consumían en las cocinas del centro de la Nueva España y los productos nativos de la época eran el frijol, maíz, cacao, amaranto, chile, tomate, calabaza, entre otros.
Mezclados con los traídos del viejo continente y de oriente como carnes rojas, habas, especias, tamarindo y especialmente el trigo, dieron forma a la cocina mestiza que cotidianamente se practicaba en el fogón.
El Barroco fue un movimiento cultural que se manifestó en diversos campos, incluido el de la gastronomía, donde se combinaron sabores, aromas, texturas y colores, por lo que la cocina tradicional mexicana, desde 2010, es considerada por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial.

