Toluca, Méx.- Para los pueblos otomí, nahua, matlazinca, mazahua y tlahuica, el cambio de estación del invierno a la primavera marca tradiciones como el comienzo del ciclo agrícola, el encendido de Fuego Nuevo o el Afloramiento del fogón.
Los rituales, danzas y ofrendas permiten a los participantes renovarse y agradecer por lo recibido.
Según la mitología mexica, actualmente se vive en la quinta era de la humanidad.
“Los dioses castigaron a los humanos por no saber agradecer la vida y el mundo que se les había concedido, como se aprecia en la Piedra del Sol, exhibida en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México.
“En el círculo central de los ocho que la conforman y según la leyenda mexica, vivimos en la quinta era de la humanidad llamada “Nahui Olin” y que anteriormente existieron otras cuatro”, indicó Natalia Melo.
Explicó que la primera era fue “Tlalticpac Tonatiuh” o “Sol de Tierra”, donde la humanidad era una raza de gigantes que fue devorada por jaguares enviados por Tezcatlipoca y así es como el mundo quedó deshabitado.
La segunda era fue “Ehécatl Tonatiuh” o “Sol de Viento”, donde la humanidad de entonces fue destruida por fuertes vientos, muchos seres desaparecieron a causa del terrible desastre y los pocos sobrevivientes se convirtieron en monos.
En la tercera “Xiuh Tonatiuh” o “Sol de Fuego”, una intensa lluvia de fuego exterminó a la humanidad y los pocos que pudieron sobrevivir fueron convertidos en aves.
La cuarta fue “Atl Tonatiuh” o “Sol de Agua”, en un gran diluvio, el agua de los mares comenzó a inundar la tierra y llovió sin cesar hasta ahogar a casi todos los seres vivos. Aquellos que no fallecieron fueron convertidos en peces.
Después de estos fracasos, los dioses decidieron enterrar los huesos de la última humanidad en el Mictlán, donde se quedarían para siempre como recuerdo de sus cuatro decepciones.
Tiempo después “Quetzalcóatl” convocó a los dioses en Teotihuacán a un quinto intento, sin embargo, ninguno de ellos quiso ir al Mictlán por los huesos de la humanidad anterior, materia prima para la nueva creación del hombre.
Quetzalcóatl había sido el autor de la reunión, tuvo que cumplir con la misión acompañado de su hermano Xolotl.
Una vez en el Mictlán, Quetzalcóatl solicitó a Mictlantecuhtli que le cediera los huesos de las anteriores razas de humanos para poder repoblar la tierra, pero el Señor del Inframundo se negó y aunque Quetzalcóatl supo arreglárselas para robarlos y poder llevarlos a Teotihuacán, los dioses se dispusieron para continuar la quinta creación.
Al encender la hoguera de la cual nacería el Nuevo Sol, sólo uno de los elegidos tendría el honor de convertirse y éste fue Tecuciztecatl, quien tendría que arrojarse a la hoguera, Sin embargo, se acobardó en el último instante.
Nanahuatzin tomó impulso y se arrojó al fuego divino, saliendo de la hoguera un gran sol con la temperatura y el tamaño correctos, empezó a elevarse hacia el cielo.

