Toluca, Méx.- La Universidad Autónoma del Estado de México promoverá la entrega del Premio Nobel de la Paz para el fundador y director del albergue de migrantes “Hermanos en el Camino”, Alejandro Solalinde Guerra, egresado de esta casa de estudios y “hombre cuyo comportamiento es secular y cuya labor nos atañe a todos porque somos humanos”, afirmó el rector Jorge Olvera García.
Durante la conferencia “La migración centroamericana de paso por México y los Derechos Humanos”, que Solalinde Guerra dictó en el Aula Magna “Lic. Adolfo López Mateos” de rectoría, el rector Olvera García enfatizó que este sería un merecido reconocimiento a una trayectoria profunda, transparente y generosa, “no a la vanagloria personal y sí como un estandarte de Quijote”.
Luego de firmar con Solalinde Guerra un convenio de colaboración que permitirá involucrar a la institución educativa, a través de sus estudiantes y egresados, en la cruzada en pro de los Derechos Humanos iniciada por el también Doctor Honoris Causa por la UAEM, Jorge Olvera puntualizó que esta es “una universidad que se involucra cada día más con los problemas de la sociedad”.
Sostuvo que mucho podrán aprender los estudiantes universitarios de la relación de la UAEM con “Hermanos en el Camino” y consideró que las palabras de Solalinde permitirán a los universitarios comprender el difícil proceso migratorio y su relación con los Derechos Humanos en el territorio mexicano.
Ante estudiantes, profesores, investigadores y trabajadores administrativos de la Autónoma mexiquense, el sacerdote mexicano defensor de los Derechos Humanos de los migrantes centroamericanos destacó que la falta de respeto a los Derechos Humanos es la antesala de la deshumanización; sin ellos lo que sigue es la barbarie y la involución, dijo.
El egresado de la Facultad de Humanidades de la UAEM, cuyo albergue proporciona asistencia humanitaria integral, médica y psicológica, así como orientación jurídica a los migrantes, enfatizó que los Derechos Humanos son un reconocimiento a la dignidad de las personas, pero también base del bien común y colectivo que nos enriquecen; “representan un coto al creciente poder de dominio manifestado con los poderes facticos, políticos, financieros y a veces, tan opuestos al bienestar y a la vida plena de los seres humanos”.
Puntualizó que “no es suficiente con que se reconozcan los Derechos Humanos y es preciso inculcarlos, promoverlos como principios cotidianos; urge educar en la comprensión y práctica de estos principios de convivencia humanos hasta lograr una verdadera cultura de estos”.
