Disculpen mi falta de incultura

Por: Emiliano Pérez Cruz.

Lo dice uno sin cotorreo: quienes tuvieron el privilegio de una educación escolarizada y además desempeñan actividades de las llamadas culturales, arquean la ceja al escuchar:

–Claro que todos tenemos cultura.

–¿Cómo? ¿Para eso fuimos a la escuela: para no tener la ex-clu-si-vi-dad?

Se confunde Cultura con Bellas Artes, Expresiones Artísticas o Académicas. Peor aún: se considera culto a quien escribe un libro (Hitler lo hizo), graba un disco (ya hice el mío), danza clásico, pertenece a un grupo, dirige a un manojo de burócratas en alguna institución de la “cultura”; se encuera en un museo o cubre ese encuere para los medios de incomunicación.

Más aún: los excesos de la especialización nos enjaretan “culturas” de todo tipo: laboral, del narco, del bienestar, popular, de la legalidad, de la muerte, de la imagen, de las bebidas embriagantes, y de masas, de la administración, de la justicia, seguridad, salud, educación, ecología, agraria, hacendaria (uf).

Incultos serán aquellos que no citen con exactitud al autor de Mucéfalo alfabetazeta, Premio “Zacarías del Blanco” al mejor libro del género, ¿de qué año?; ni arruguen la frente para comprender mensaje y metalenguaje insertos en el lienzo abstracto-figurativo y performancero del neo más nuevo de la generación del fin de mes bisiesto.

“Todo empeño por partir artificialmente la unidad fundamental del ser humano tiene consecuencias funestas: arruina a las sociedades y entristece a los individuos”, tuvo a bien prevenirnos don Alfonso Reyes, pero no es autor que rompa récords Guiness ni se antoje para filmes, ni es retomado por raperos. No obstante, citamos de nuevo:

“Pensemos que la realidad cotidiana, en sus mil embates, se empeña siempre en destrozarnos. Y reconstruyamos, con una voluntad permanente, nuestra unidad necesaria. Esta, y no otra, amigos míos, es la tarea de la cultura. La cultura es una función unificadora”.

Incultos –que no ejercen esa necesarísima (hoy-hoy-hoy) función unificadora– pululan en nuestros aciagos días: reinan justo en muchas de las “culturas” citadas, y en las demás también.

Reinan:  destacan el árbol (sintético) y arrasan del bosque; el interés personal sobre el bien común; la corrupción contra el justo reparto; la supremacía del dato sobre el conocimiento; la moda contra lo que te acomoda; la máxima ganancia y el mínimo esfuerzo; la industria y la economía contra el hábitat y el justo salario; la fritura contra la figura…

La función unificadora de la cultura persiste en la aldea global, aunque el sueño internacionalista de justicia se desvirtuó, y la cultura –entendida como todo aquello que el ser humano emprende para su beneficio– se considera subversiva. Algo que pensamos superado entre nosotros.

Perdimos de vista el conjunto de los fines humanos; padecemos aberraciones políticas. Con todo, celebremos el dicho de la la escultural vedette, que sin sonrojo dijo al reporter, y gritémoslo al oído de los políticos (del partido que sean), de los gobernantes: “Disculpen mi falta de incultura”.

Reconstruyamos, pidió don Alfonso, con una voluntad permanente, nuestra unidad necesaria.

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