“Cuando digo ‘en este instante’, ya pasó el instante”, escribió Octavio Paz, poeta, en el Laberinto de la soledad, libro capital para entender al poeta y entendernos como nación y como mexicanos pertenecientes a ella; tarea nada fácil, pero en ella avanzamos enriquecidos por el pensamiento crítico de quien este año celebramos el centenario de su nacimiento.
En marzo, dentro del Palacio Legislativo de San Lázaro, sede de la Cámara de diputados, los legisladores rindieron homenaje a Paz en Sesión Solemne, la cancelación de un timbre postal y la presentación del billete “Centenario del Natalicio de Octavio Paz”, de la Lotería Nacional.
Marie Jo Paz, su viuda, invitó a los legisladores a seguir el ejemplo del poeta, de respeto y amor por las ideas y los ideales, y a concebir la crítica como una forma de honestidad, consignaron los medios de comunicación. Por petición de la propia Marie Jo, Rafael Tovar y de Teresa -presidente del Conaculta-, dio lectura a un breve discurso de la viuda del poeta, en el que destacó:
“Uno de los conceptos más caros de Octavio Paz fue el de la pluralidad: el del concierto de voces y correspondencias que constituye nuestro mundo. No una idea única y central sino una diversidad armónica. No una verdad, sino varias versiones de la realidad. No un monólogo, sino una conversación. Apostó por la pluralidad y el contrapunto y esa decisión le costó que los poderes lo miraran con recelo, que no supieran qué hacer con sus disensos y su defensa de la libertad. Hoy se le honra en la Cámara de Diputados y el círculo se cierra: su voz puede sonar aquí y allá como la del individuo libre y valiente que siempre fue. Hoy se le desagravia”.
Zaz. Pero nadie dijo esta boca es mía cuando se pronunciaron las palabras “Hoy se le desagravia”. Nadie se sonrojó ante la palabra honestidad. Nadie aplaudió ante la disyuntiva monólogo/conversación. Nadie se atrevió a contradecir el discurso de quien, a, decir de Enrique Krauze “tenía el ‘genio irritable’ que atribuía Horacio a los poetas y era invariablemente serio en la discusión de sus temas”…
La celebración del centenario de Paz se prolongará durante este 2014 “Año de Octavio Paz”. Será excelente oportunidad para acercarse a la producción poética, ensayística, editorial de quien padeció a los jóvenes poetas infrarrealistas que se propusieron intervenir sus presentaciones como protesta por considerarlo “poeta oficial”; a quien debatió intensamente con Carlos Monsiváis en la revista Proceso, considerando al cronista hombre de ocurrencias, más no de ideas; a quien escribió que “la crítica nos dice que debemos aprender a disolver los ídolos: aprender a disolverlos dentro de nosotros mismos”.
Paz nos sorprendió en la juventud del bachillerato al leer el Laberinto de la soledad; nos afinó la visión con la lectura de sus poemas en Libertad bajo palabra; deletreó La llama doble para guiarnos en el atisbo a la sexualidad, el erotismo y el amor, ámbitos de los humanos deseantes; fue difusor de la cultura y las ideas al fundar “Diorama de la cultura” y Plural en el Excélsior de Julio Scherer.
Octavio Paz fue un manantial pensante cuya corriente nutrió a infinidad de personas que en su corriente abrevaron: políticos e intelectuales; estudiantes y amas de casa con televisor; nacionales y extranjeros que con él debatieron. Ducho en la diplomacia y las relaciones públicas, logró para sí el codiciado Premio Nobel y muchos más que le fueron otorgados. Fue voz fuera del coro; le admiraron y denostaron; insultó y le respondieron. Pero no callaba, irradiaba vigor en el debate y puntería al señalar lacras.
Por fortuna, Octavio Paz no fue monedita de oro y aún puede padecer todo, menos el olvido.
